General, La Segunda Revolución

El Worldbuilding y La Segunda Revolución

Pues vamos a hablar un poco de worldbuilding. A la parte Alcalá del dúo le gusta más llamarlo “creación de mundos” porque suena a algo épico, algo que haría un mago con barba blanca y cosas así.

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Fer Approves

Pero, bueno, worldbuilding, creación de mundos, a fin de cuentas viene a ser lo mismo: un trabajo largo, y fabuloso, que sirve para construir el entorno en el que se desarrolla una novela. Precisamente de eso habló la parte Costa del dúo en una fantástica charla el pasado 16 de marzo en la librería Alibri de Barcelona que organizaron las chicas de la Book Con Barcelona. En la charla, junto a Deborah Heredia y Leila Milá  (sin olvidar, por supuesto, a todos los que asistieron), intentamos poner en común qué entendemos por worldbuilding, nuestros trucos y técnicas.

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Esta foto la publicó la gran revista La Avenida de los libros

La cosa en la que, seguramente, más coincidiéramos las tres autoras de la charla es la importancia de la coherencia. Es decir, podemos crear los mundos más locos, basados más o menos en el nuestro, o completamente fantásticos, podemos crear un mundo dominado por la magia, o por insectos antropomórficos, o un mundo donde todo sea igual que el nuestro salvo porque, en él, todas las personas se llaman Fulgencio.

De nuestras mentes puede salir el universo más extraño que se haya pensado nunca pero no importa. Si ese mundo sigue unas reglas,unos patrones, y sobre todo si nos mantenemos fieles a ellas, conseguiremos que todo eso cuele sea creíble. Ahí, podríamos decir que se establece un “pacto” entre el lector y el libro, que hace que por muy loco que sea lo que hay entre las páginas nos parezca plausible. Y eso es algo que tuvimos muy presente a la hora de darle (más) forma al universo de La Segunda Revolución. Teníamos suerte, claro: la parte Costa es historiadora y arqueóloga y la parte Alcalá es filóloga y docente. Por tanto, teníamos armas con la que lograrlo.

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Recreación gráfica de Costa Alcalá: Mitad filóloga + Mitad arqueóloga

Otra reflexión muy interesante que nos hicimos fue: ¿en qué hay que centrar nuestro worldbuilding? ¿Es necesario desarrollar un gran sistema de creencias religiosas, con sus dioses y cosmogonías? ¿Hay que montar un sistema político? Pues depende. Depende de la historia que queramos contar. Si es una historia épica en la que parte de la trama se centra, por ejemplo, en una reliquia o en un objeto poderoso, quizá sí sea interesante crear un sistema religioso completo, mientras que si la novela es de aventuras y los personajes tienen que viajar, puede que sea más útil centrarse en un mapa, un mundo, crear lugares con carácter propio. En todo caso, a nosotros nos fue muy útil pensar en cómo era nuestro mundo (a fin de cuentas, habíamos estado jugando al juego de rol que lo daba origen muchos años y nos sabíamos algunas de sus bases al dedillo), qué conforma nuestra cultura y nuestro entorno. Las creencias (más allá de la religión en sí. No todo el mundo cree en dioses pero, desde luego, todo el mundo cree en algo) y la política están bien pero… ¿y las cosas pequeñas? ¿y qué tal si en nuestro mundo añadimos otras cosas? Por ejemplo, gente famosa, o leyendas del pasado, platos de comida tradicional… El diablo está en los detalles.

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Y si es pertinente una serie de orbevisión (u orbenovela, mejor dicho) a la que está enganchada toda la población de Nylert, el país de La Segunda Revolución, pues es pertinente y punto.

 

A la parte Costa, en la charla, se le olvidó decir lo que, para ella, es lo más importante:

El worldbuilding tiene que ser invisible.

¡Ojo! Invisible no quiere decir inexistente. Más bien, podemos pensar en el worldbuilding como el iceberg con el que se chocó el Titanic. Primero, porque hay mucho más de lo que se ve a simple vista. Puede, solo puede que, por ejemplo, para La Segunda Revolución exista un documento con una historia del mundo en el que se desarrolla desde la prehistoria hasta el momento presente y puede que haya apuntes sobre la vida de los secundarios, y más, muchas más cosas. Segundo, porque igual que el iceberg, el worldbuilding se agazapa entre las páginas, un detalle aquí, otro allá, sin destacar, inadvertido hasta que no se lee el libro en conjunto. O te chocas con él, claro.

Y hundirte en el mar del worlbuilding es tan terrible como lo que le pasó al Titanic.

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